BARTH
Quieto, bajo el manto de la noche, me encuentro escuchando atento a las órdenes que le da Silas a sus hombres, se supone que tienen que rodear la zona, cuidar que incluso ningún perro o mosca se acerque a su propiedad, todo esto se debe a que hace un par de horas que llegó Maddison, no soy un hombre de hielo como el Capo, en cuanto llegó, en silencio, apenas pudiendo caminar, con la mirada perdida y el rostro pálido, me sentí mal por ella.
Ninguna madre merece que le arrebaten a sus hijo