Capítulo 44
Violeta San Marino
No sabía si la tención que había en el aire, se podía cortar con una tijera o un cuchillo bien afilado. Aun así, lo que si sabía; era que estar así no podía resultar más incómodo ¿Por qué digo esto? ¡Fácil!
Ya habíamos pasado más o menos dos horas bailando y para poder descansar, le pedí a Ades que nos sentáramos o mis pies sufrirían un infarto en cualquier momento.
Al llegar al reservado, vimos que Apolo estaba completamente solo y no había ni un solo rastro de l