Violeta San Marino
En cuanto llegamos al juzgado, pude ver qué Erick y su abogado ya estaban presentes. En cuanto me vió, el muy imbécil esbozó una sonrisa de victoria como si supiera que iba a ganar la demanda, pero lo que él no sabe es que nosotros tenemos un as bajo la manga.
Cuando llegó el juez, nos pidió que nos ubicaramos cada uno en su respectivo lugar, cosa que no le gustó a Ades ya que no pudo estar a mí lado y eso lo ponía nervioso.
Las horas que siguieron, tuve que escuchar las inc