Me froto los ojos, intentando reunir los pedazos de mi alma que todavía parecen atrapados en algún lugar dentro de aquella montaña de informes de auditoría de anoche. Dios mío, siento la parte baja de la espalda como si estuviera a punto de partirse en dos.
Algo pesado y cálido se desliza repentinamente de mis hombros en el momento en que me incorporo.
Cuando bajo la mirada al suelo, mis ojos se abren de par en par al instante.
Una lujosa chaqueta de traje, impregnada de un aroma inconfundiblem