12. Una cena.
Capítulo 12. Una cena que no fue, una guerra que comienza
Se dejó caer de rodillas en la alfombra frente al sofá, con el teléfono en la mano como si acabara de recibir un diagnóstico de locura incurable.
Era él. Santiago Soler.
No un gigoló. No un desconocido. El mismo hombre. Otra vez.
Y lo peor de todo...
Ella no lo reconoció.
Le había pasado lo mismo. Otra vez. Y él la dejó actuar. Otra vez. Sin decir ni una maldita palabra.
-- Pero ¡qué...! -- se mordió los labios para no gritar.
Ahora que