—Jeje, Julieta, no intentes ensuciarme a mí. De todas formas, Leandro no se lo creerá. Siéntete libre de decirle lo que quieras.
Después de decir eso, Dalila bajó las escaleras.
En su mente estaba calculando cómo podría lidiar con Julieta y acelerar el proceso de su divorcio.
En estos dos años previos, Leandro rara vez volvía a la Península, pero como ahora ella vivía acá, Dalila pensó que sería más fácil conquistarle. Sin embargo, la actitud de Leandro hacia Julieta había mejorado un poco.
¡Est