—Señor Cisneros, ¿cómo se siente al respecto de que la señorita Rosales esté teniendo una aventura amorosa con tu mejor amigo?
—Y ¿qué pasa entre usted y la señorita Ortega, señor Cisneros?
Los reporteros los rodearon una vez más, sin dejar de hacer esas tontas preguntas.
Leandro envolvió con sus brazos a Julieta, quien temblaba. Luego, escudriñó fríamente a la multitud y preguntó:
—¿Quién les dio el coraje de hacerme estas preguntas?
Al escuchar esto, los reporteros se quedaron quietos.
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