Capítulo XVII. La amargura
Nuestra boda, como era de esperarse se celebró de una manera muy rápida y discreta, me casé con un hombre que no sé en qué momento empecé a amar pero que él no me ama. Roger fue el encargado de sobornar a uno de los jueces más influyentes de esta ciudad para que el matrimonio se convitiera en un hecho válido ante la Ley, a pesar de que no fue la boda de mis sueños y del aprecio que sienpto por Pablo anhelaba que Amelia asistiera aunque sea como una de las cómplices de lo sucedido, pero es no pas
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