—¿Llevas mucho tiempo aquí? —preguntó Elly.
Elly acortó la distancia hacia el comedor, intentando actuar con la mayor naturalidad posible, aunque sus ojos ligeramente enrojecidos no podían mentir.
Kenny se puso de pie de inmediato. Con un movimiento que fingía serenidad, tomó un gran ramo de rosas que había dejado en la esquina de la mesa y se lo extendió.
El rostro de Kenny dibujó una cálida sonrisa, como si su pecho no acabara de romperse en mil pedazos al escuchar la confesión de amor de Ell