—Estaré abajo si me necesitan —hace una pequeña reverencia y se va.
Yo dejo el vaso en la mesa de noche y tomó mi cartera para sacar mi pastilla, me la tomo y la paso con agua, luego vuelvo a poner la cartera en la mesa de noche y me recuesto en las almohadas, a esperar que se me pase el dolor.
—¿Te sientes cómoda? —me pregunta sin dejar de darme masajes.
—Gracias Aaron. —Le sonreí.
—Es un placer.
—Eres muy bueno dando masajes.
—Lo sé.
—¿Por qué?
—Se las hacia a mi madre, trabajaba much