El despacho del CEO, que una hora antes estaba perfectamente limpio, ahora parecía un campo de batalla después del combate. Los sofás, desplazados de sus posiciones. Los cojines decorativos, tirados por el suelo.
Los papeles garabateados, esparcidos sobre el escritorio. Las líneas de rotulador rojo, decorando los paneles de madera de la pared. Los libros, desparramados frente a la estantería. El contenido de la papelera, extendido por la alfombra.
El cuenco de caramelos, vacío. Y en medio de to