La cama, que aún guardaba la forma de su cuerpo, ahora estaba vacía. Solo la mancha roja en la sábana y el aroma tenue que quedaba en la almohada demostraban que su presencia no había sido un sueño.
Davin quería buscarla. Cada célula de su cuerpo le exigía encontrar a aquella joven. Pero el orgullo de un Tanjaya, el muro de hielo que había construido durante varios años, le impedía pedir ayuda a nadie.
Un Davin Tanjaya no perseguía mujeres. Un Davin Tanjaya no mostraba debilidad ante los demás.