Su mano se extendió y alcanzó la muñeca de Windy, la misma muñeca que Jason acababa de agarrar. Pero el tacto de Davin era diferente. No era un agarre brusco que forzara, sino una sujeción firme pero que no hacía daño.
—Ven conmigo —dijo Davin. Dos palabras. Sin explicación.
Y comenzó a caminar, llevándose a Windy consigo hacia la puerta.
Cuando atravesaron el umbral y la luz más brillante del pasillo los iluminó a ambos, fue entonces cuando Windy vio el rostro de Davin con claridad. Y fue ento