—Yo... ¿Todavía está soltero? —Lily ya había olvidado por completo a los seis niños.
Renaldo asintió con la cabeza.
—Ah, ¿eso? Sí. Algo así.
—Jeje, ¿y cuáles son sus requisitos? —Lily soltó una risa demasiado fuerte y demasiado aguda. «¡Contrólate, Lily! ¡Viniste por el contrato publicitario, no a buscar marido!»
Pero aquel consejo interno salió disparado de su mente en cuanto Renaldo le tocó el hombro con suavidad para guiarla hacia algún lugar.
—Señorita Lily, ¿qué tal si charlamos primero en