“Gracias, Lewis”. Volvió a sonreírme y me acomodó suavemente un mechón de cabello suelto detrás de la oreja, luego se aclaró la garganta y dio un paso atrás, alejándose de mí.
“Nos vemos en un rato”. Inhalé profundamente antes de abrir la puerta del comedor y entrar. Inmediatamente mi mirada se cruzó con la de la reina viuda mientras me acercaba con cuidado a la mesa.
“¡Llegas tarde!”. La anciana reina habló, indignada por mi tardanza. Mi mirada se cruzó con la suya y al instante me encontré c