La cama en la que me habían colocado cuando llegué estaba ocupada por un hombre, que no hacía nada más que gritar y retorcerse del tormento. El biombo ni siquiera había sido colocado para la sección y cuatro personas corrían de un lado a otro de la tienda, juntando gasas y antisépticos. Lo que más me sorprendió fue la gran cantidad de sangre que salía de su cuello, ¿acaso se le había reventado la arteria o algo así?
Al instante, imágenes del cuerpo destrozado de mi madre aparecieron en mi visió