No me había dado cuenta de lo tierna y sensible que estaría mi piel después de la última flagelación que recibí, pero todo en aquel golpe estalló en pura agonía.
“¡Girate y mira hacia la puerta!”. Sacudí la cabeza y me acurruqué tan fuerte como pude, estaba avergonzada, tan avergonzada de ser así de débil delante de Adrián, pero no podía seguir poniendo mi fachada. Me senté sollozando, abrazando mis rodillas contra mi pecho lo más cerca posible, manteniendo mi ahora ligeramente sangrante espald