— Vamos — dice Miguel, rompiendo el silencio con su voz firme, sin dejar espacio para réplica. Toma la muñeca de Sasha nuevamente, esta vez con más determinación, obligándola a seguirle con pasos rápidos y decididos.
Sasha respira hondo, tratando de calmar los nervios mientras sus ojos recorren las vitrinas elegantes por las que pasan. Las prendas expuestas gritan lujo y exclusividad, tan alejadas de su realidad que le resulta casi imposible imaginarse usándolas.
Miguel la conduce al interior d