La hora del almuerzo está por terminar, y Sasha ni siquiera se ha acercado al comedor. Tan pronto como terminó de limpiar las habitaciones del pasillo de los betas, se dirigió a su propio cuarto para disfrutar del regalo que Miguel le había dado.
Mientras sus dedos recorren cada cuerda, los recuerdos de la noche que compartieron emergen en su mente, haciendo que su estómago se revuelva y un calor suba por sus mejillas. Recuerda cómo él la sostuvo, la intensidad de sus miradas, la forma en que l