Su mano tiembla levemente mientras la levanta para golpear la puerta, pero en lugar de hacerlo, se queda allí, respirando profundamente, intentando reunir la fuerza para lo que viene a continuación.
Sabe que Miguel está al otro lado. El aire que aspira parece más frío, las sombras más densas, y el silencio, incómodo. Pega la oreja a la madera de la puerta, pero no capta ningún sonido. Traga saliva, sintiendo cómo el pequeño rastro de valentía que había reunido empieza a desvanecerse.
Sin golpea