El pensamiento de que Miguel iba a devorarla, al verlo transformarse nuevamente en un lobo negro gigante frente a sus ojos, desapareció cuando sintió la lengua áspera y húmeda de la bestia pasar por sus pies.
Las heridas en sus pies ya habían comenzado a cicatrizar, y Sasha había sufrido para no rascárselas y reabrirlas. Pero ahora, mientras Miguel lamía las plantas de sus pies, sintió un cosquilleo intenso. Las cicatrices terminaron de cerrarse completamente, la saliva de Miguel acelerando tod