— Gracias — susurra Sasha, su voz temblorosa por la emoción.
Le devuelve el teléfono a Miguel, sus manos todavía tiemblan mientras las lágrimas continúan cayendo silenciosamente por su rostro, cada gota cargando el peso de las palabras no dichas, de los sentimientos contenidos.
Una sensación de vulnerabilidad la invade, pero también hay un extraño alivio, como si una parte de ella finalmente hubiera encontrado un poco de paz, aunque solo fuera por un instante.
La conversación con su padre fue b