Sasha despierta lentamente, aún sin fuerzas para abrir los ojos. Su cuerpo está envuelto en una cálida sensación que recorre suavemente todo su costado, irradiando desde una gran mano caliente que reposa sobre su piel. El toque es firme, posesivo, pero sorprendentemente reconfortante. Cada centímetro que toca provoca un escalofrío en su columna, y el mundo, aunque sea por un breve instante, parece un lugar seguro.
El pecho fuerte de Miguel está presionado contra su espalda, el peso de su brazo