Punto de vista de autor.
—Estoy de acuerdo —contestó Dante con rapidez. La aturdió por completo—. Ella te pertenece, y deberías tener la custodia.
—¿Qué? —indagó con incertidumbre, sin darle crédito a sus oídos.
—Con mucho gusto te daré la custodia… —merodeó más cerca— si vuelves a casa, donde perteneces.
Al darse cuenta de que quería que regresara y viviera con él de nuevo, Selene apretó sus manos en puños.
—No te pertenezco.
—Tú me perteneces —proclamó—. Tú y los otros cachorros. No quiero q