Punto de vista de autor:
Llegar al ático era como caminar directamente al pasado. No había estado allí en años. En primer lugar, nunca quiso volver. Todo parecía igual, al menos hasta que entró en el apartamento.
Selene llegó a la puerta con una mirada de asombro en su hermoso rostro.
—Eliza, ¿qué diablos estás haciendo aquí? —cuestionó a la defensiva.
—Me temo que el príncipe Dante ha resultado herido —intentó argumentar con voz suave.
—¡¿Qué?! —Ella lloró y presionó su mano contra su pecho.