—Amelia y la señora?, preguntó con disgusto Agustín.
—Lo siento señor, aún no ha llegado.
—¿Es siempre así desde que me fui?
—Bueno… no siempre, pero casi siempre usted sabe cómo es la señora cuando se trata de trabajo, ella llega pasada la madrugada aunque nosotros le digamos que es malo para su salud no somos nadie para tomar decisiones de cómo lleva su día a día solo podemos cuidar de ella tanto como se nos es posible.
El temperamento de Agustín de por sí nunca fue fácil de tratar y