La sonrojez de sus mejillas eran evidentes así como el fuego de sus cuerpos había sido encendido por aquel apasionante beso candente que cosquilleaba en su interior, para cuando por fin se separaron, sus miradas perdidas hacían eco de sus deseos más profundos, el impulso se impuso ante cualquier rastro de razón por lo que sus ojos infundían hambre de deseo por lo que nuevamente se perdieron en un desesperado y hambriento beso sin fin el que duró más de lo que uno podría imaginar.
Ante la piel