No podía dormir, era la una de la mañana, llevaba dos horas de haber comenzado a llover muy fuerte, me asomé a la cuna de María Paula y dormía tranquila, no tuve corazón para dejarla sola en un cuarto nuevo, podría sentirse extraña. Por eso trasladé la cuna a mi cuarto.
Cogí el vaso en el que tomé agua antes de dormir y no fui a la cocina, desde el lavamanos llené el recipiente con el líquido, bebí un poco, me asomé a la ventana que daba a la calle desde la habitación, el agua caía a cántaros,