Mundo ficciónIniciar sesiónSabía dónde estaba. Lo sabía.
—Sigue malditamente conduciendo, Ophel —una risa histérica se escapó de mi boca. Una maldita carcajada—. Dios mío, voy a matarlo. Lo mataré —decidí.
Si estaba donde creía, iba a matarlo, por hacerme esto.
Nadie sabía de esa propiedad, lo que tendría sentido si Beatriz no miró ahí. Era mía. Estaba a mi nombre. Nunca la vend







