Capítulo 59

Había logrado tranquilizarme. Mis lágrimas se habían detenido. Ya no quedaba nada.

Veía el fuego consumir la madera en la chimenea y me preguntaba qué iba a pasar conmigo. Tenía que hablar con Tomas, una vez más y no perder el control, escuchar sus explicaciones y decidir si eso era suficiente para mí.

Pero la herida ya estaba hecha y sangraba.

Me levanté del sofá y mi cuerpo reclamó por las hora

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