— Encontré tus bragas – sonrió Alonzo. – ¿Me las puedo quedar?
— Quedatelas – sonrió la morena. – Tengo que pasar por la ropa de Konstantin y Eyra.
— ¿Tienes llave de su casa? – la miró extraño.
— No preguntes el porque – lo miró – Solo tengo llave y todo lo que viste no sé lo digas a nadie. En sí no debías estar en ese lugar.
— Ni tú tampoco nena – le sonrió.
— Hablo enserio Alonzo – le lanzó una almohada y ambos rieron, Alonzo se acercó y tomó a Beth sentándola en su regazo – Es un secreto,