Los días fueron pasando, Edie ya se encontraba en la casa junto con los pequeños, que fueron recibidos con una gran alegría de parte de todos los que trabajaban en la mansión.
Gavin seguía pegado a sus hermanitos controlando que ni siquiera intentaran iniciar el llanto. Edie poco podía ocuparse de los bebés ya que aún seguía con el cuidado de su herida, pero tampoco se apartaba de estos.
Verlos constantemente era lo que más le gustaba hacer. Tenerlos en su vientre era totalmente distinto, allí