20

Una suave brisa acaricia mi rostro, haciendo que abriera mis ojos lentamente, dándome cuenta que ya había amanecido.

— No estoy muerto? — Susurro, pero con el ceño fruncido comienzo a mirar en toda la habitación. Estaba acostado en una cama que no era la mía, me encontraba solo y.… desnudo!?— Dios! Qué fue lo que hice!

Intento levantarme pero cuando lo iba a hacer, ese hombre entraba a la habilitación de la terraza. No llevaba más que un bóxer negro.

— Cómo te sientes?

— Qué me hiciste?

— Esa n
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