Vaya sorpresa.
Procesar lo que había dicho Aidan no fue un proceso fácil. Sobre todo, porque supuestamente él que era el que había puesto las trabas desde el inicio había sido el impulsor de toda aquél situación.
–¿Qué yo dije qué?– volvió a preguntar como si todavía no pudiera creer lo que su lobo había dicho.
Aidan se removió contra él perdiendo fuerzas nuevamente y sintiendo como su conciencia se perdía en la bruma de deseo de su celo. Su cuerpo dolía ante la necesidad y sus músculos se tens