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—No te puedes ir, no porque ahora estás en Nueva York, no me preguntes cómo, dado que ya lo sabes —dice tras ponerse cómodo y sentarse, quedando frente de mí—. Quiero que estés a mi lado, te puedo garantizar que hay más de uno como ese cerdo que se encuentra detrás de ti.
Me siento en el dilema de no sé en quién confiar, sin embargo, el italiano me ha demostrado fidelidad. Ahora tengo que averiguar que es lo que quiero y que es lo que él quiere de mí.
—Sabía que esto pasaría, pero jamás imagi