Con cada paso que Xana daba hacia el exterior sentía que su pecho se apretaba de forma incómoda. Estaba nerviosa. Ser el centro de atención no era su especialidad, pero era como si la vida le pagara con la otra moneda al tener detrás de ella al que era ahora el jefe de su antiguo pueblo, después el tributo y por último la mate y madre de los cachorros de un alfa, Vaya, alguien tan común como ella como que dejaría una huella en la historia pues no se había esforzado en nada como otras personas p