Alma
Me desperté asustada cuando escuché a Gabriel toser y sentí que su frente estaba muy caliente. Al encender la luz, vi que tenía sangre en la nariz. Sin perder tiempo, llamé a Pía con un nudo en la garganta y le expliqué lo que pasaba. Juntas llevamos a Gabriel al auto y fuimos a la clínica más cercana.
El viaje se sintió interminable, con la preocupación flotando en el aire. Cuando llegamos, la sala de espera estaba llena de gente, pero para mí, todo se reducía a Gabriel, pálido y débil, en