Barto

Alma

En la oscura camioneta, después de más de una hora con la vista obstruida, finalmente retiraron la bolsa de mi rostro. Al descender, dos individuos sujetaron mis brazos, y al recobrar la visión, lo vi a él. Con cabello oscuro como la noche, ojos verdes profundos, traje negro y corbata blanca, me resistía a aceptar que no fuera Iván, pues la semejanza entre ambos parecía imposible.

—Buenos días, Alma. Disculpa si mis hombres fueron toscos. — Dice con calma, buscando suavizar la situación.

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