Alma Méndez.
Durante los últimos días, me había refugiado en la casa, agradeciendo que Mauro no se hubiera presentado aquí, pues no tenía el deseo de verlo.
Marko y yo estábamos mejor que nunca. A pesar de ello, deseaba convencerlo de mudarnos para tener más privacidad, aunque él era fuertemente unido a su padre, sin darse cuenta de la crueldad de este hombre conmigo.
Mientras ordenaba la ropa con mi suegra, ella y yo charlábamos animadamente. Estaba emocionada enseñándome la ropita de Marko de