NARRADOR
Diane cerró su suéter y comenzó a avanzar por el sendero de la mansión de Charlotte. Sin embargo, a cada paso su corazón se aceleraba, ya que las miradas amenazadoras de los guardias que patrullaban la zona le infundían temor. Con la cabeza agachada, continuó su camino hasta la entrada.
Presionó el timbre dos veces, alertando a Charlotte y Dorian, quienes estaban en la sala de estar disfrutando de un café.
—¿Quién demonios será? —Dorian lanzó una mirada furiosa a Charlotte.
—Querido,