María sonrió cuando vio a Luis acercarse a la cama de enferma, entregándole un documento con una sonrisa suave en sus labios. —Señorita García, he programado su cirugía para una semana después. Si no tiene objeciones, por favor, firme aquí.
¿Qué otra operación podría ser?
No era más que su operación de aborto.
—¡Gracias, doctor Rodríguez! —dijo María, con amargura en su corazón. La expresión sonriente en su rostro se desvaneció poco a poco mientras tomaba los documentos y la pluma negra de Luis