Aunque ella no solía juzgar a las personas por su apariencia, no pudo evitar admirarlo desde lo más profundo de su corazón. Este hombre, en términos de apariencia, era verdaderamente el más perfecto que había visto en la multitud.
Justo en ese instante de ensueño, un pecho fuerte y sexual irrumpió en su vista. Manuel sonreía, y su voz suave llegaba a los oídos de María: —¿Estarías dispuesta a apreciarlo?
Embriagada por su agradable voz, María instintivamente miró hacia abajo.
En ese momento, Man