—Me desentiendo por completo de torturarte y odiarte, solo he encontrado a una mujer que me hace feliz.
Manuel sonrió ligeramente, pero cada curva de su apuesto rostro irradiaba un frío penetrante.
—Ella es más bondadosa que tú, y más pura que tú.
María era bondadosa, lo admitió. Pero ¿pura?
¡Jajaja!
Luisa levantó la cabeza, con lágrimas borrosas pegadas a Manuel. Aunque su hermoso rostro comenzaba a palidecer como la escarcha, logró controlar su cuerpo tembloroso y sonrió ligeramente. Desde s