En la oficina del presidente del grupo DoradoGlobal.
Manuel estaba reclinado en una imponente silla negra, con un brazo descansando en el escritorio. Sostenía un cigarro que ardía casi por la mitad entre los dedos, y con un leve movimiento de los dedos largos, dejó caer una larga ceniza en el cenicero.
Colocó el extremo del cigarro entre sus finos labios, inhaló profundamente, y luego, con la mirada baja, abrió lentamente sus profundos párpados. En su voz sensual y ronca, evidenciando una noche