María finalmente se despertó y era la mañana del día siguiente, alrededor de las diez. Abrió lentamente sus cansados párpados y, a su alrededor, se extendía un océano de blancura, desde el techo hasta las sábanas de la cama.
En su nariz, percibió un fuerte olor a desinfectante. Aunque no era agradable, de alguna manera le brindaba una sensación de tranquilidad. Sin embargo, sin razón aparente, ¿cómo se encontró acostada en un hospital?
Se sentía como si hubiera bebido demasiado, aunque su memori