Capítulo284
Manuel entró en el estudio, encendió hábilmente la lámpara de escritorio en la mesa. La deslumbrante lámpara de cristal brillaba, y el corazón que acababa de palpitar apresuradamente recuperó su silencio.

Se sentó en la amplia silla ejecutiva, cerró los ojos y se recostó en el respaldo de la silla. Su rostro apuesto y firme, acentuado por la bata negra, mostraba una palidez desoladora, haciéndolo parecer aún más solitario y melancólico.

Con los ojos cerrados, su expresión permanecía imperturbab
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