Ese hombre ni siquiera le prestó atención a sus palabras.
Una y otra vez, le despojó de su dignidad, y aunque Blanca podía pretender ser elegante y generosa, sentía que cada segundo era difícil de soportar. Después de todo, ella era la señorita de la familia Inmaculada. Aunque había muchas personas mirándola, ese hombre no le daba ni un poco de respeto. ¡Realmente lo odiaba!
Manuel no la miró. Con una mirada afilada y gélida, dirigió su atención hacia el grupo de empleados, donde una figura temb