Mientras María se sentía aliviada, también se sentía melancólica por no verlo.
Ella pensaba que definitivamente no tenía remedio, no podía permitirse hundirse más en esa situación.
—María, estoy de mal humor, ¿puedes venir a acompañarme a tomar una copa?
Cuando esa noche Daniela la invitó por teléfono a ir al bar a disfrutar, María aceptó con gusto.
A las ocho de la noche, en el bar Nocturno Encanto, el club más grande de Aurelia.
Cuando María entró, las luces estaban tenues. En la pista de bail