Los días pasaron, y aunque la relación entre Elena y Lucía se fortalecía, una sombra comenzó a cernirse sobre el estudio de la artista. Lucía había estado recibiendo menos encargos de lo esperado y las cuentas empezaban a acumularse. La presión económica se volvía palpable, y la chispa que antes iluminaba su creatividad parecía desvanecerse lentamente.
Una tarde, mientras Elena revisaba unos planos en el estudio, notó que Lucía estaba extrañamente callada. La artista, sentada en el suelo rodead