Capítulo 36

Asustado

Caleb no se atrevía a abrir los ojos. Podía sentirlo todo. La calidez del cuerpo de Grace debajo del suyo, el sabor de su piel en su boca, el ritmo entrecortado de su respiración. Sus colmillos estaban enterrados en su cuello, su mano sujetaba su nuca con firmeza y su cuerpo aún estaba profundamente unido al de ella. La cruda realidad de lo que había sucedido lo golpeó como un torrente gélido de agua, recorriendo su espina dorsal con una sensación de absoluto pánico.

Hermes la había marcado.

El instinto salvaje de su lobo había tomado el control y ahora, incluso con la consciencia de Caleb dominando nuevamente, su cuerpo entero se sentía conectado a ella de una forma imposible de deshacer. Un vínculo que no se podía romper, un lazo que ataba su alma a la de Grace de manera irreversible.

“Mierda...”, pensó, su garga

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